Eran las 14:00 de la tarde en una calle de Pontevedra. Todo el mundo se arremolinaba para ver lo que pasaba en el edificio de enfrente al colegio. Unas cuantas llamas sobresalían de las ventanas, pero lo más inquietante era que empezaban a aparecer grietas cada vez más grandes. Minutos después, la construcción se derribaba sin poder evitarlo los bomberos. La gente se preguntaba extrañada cómo había podido ocurrir un incendio en esa parte de la ciudad. En cuanto se supo que no había víctimas y se sacó gran parte de los escombros, la gente empezó a saltarse el perímetro de seguridad y a pasar a la calle de al lado por en medio, debido a que era un buen atajo y era todo sombra. Los escolares veían las quemaduras en el lugar mientras los dependientes de una tienda de chuches perdían clientela en esos momentos.
Enseguida la noticia se supo por toda la ciudad. Yo dejé de preocuparme y acompañé a Pepe, un chaval de mi clase, a una tienda de skate. En ella se encontraba Charly, el vendedor. Le preguntamos si había oído algo del suceso, a lo que respondió:
-Sí tío-se quedó pensando-y también me contaron unos pavos que sabían algo más.
-¿El que?-le dijimos.
-Os lo digo si me compráis algo.
Le pagamos unas pegatinas y nos dijo que nos lo contaría pero en la tienda no, que las paredes oyen. Pretendimos esperar hasta las ocho, pero al final nos fuimos.
A las 20:30 llegamos a la tienda de skate, desde luego cerrada hace media hora, y fuimos a buscarlo. Se encontraba sentado en una calle de la zona vieja observando un patín. Nos saludó y empezó a contarnos lo ocurrido:
-Hace unos días un colega estaba haciendo un trabajo de tecnología en una biblioteca y se olvidó de ponerle una pieza. Intentó sacarla pero la había atornillado, por lo que intentó quemarlo. Como era de madera, se cargó el trabajo, salió corriendo, y lo tiró al edificio que se derrumbó por una ventana.
-¿No pudo habérselo inventado?-pregunté.
-No, Charly es legal.
Pepe se fue a su casa y yo a la mía. A mí eso me sonaba a mentira.
Al día siguiente apareció en el Diario de Pontevedra una entrevista con el señor Combarro, un político de ese pueblo que era popularmente llamado con ese nombre, aunque en realidad nadie supiese cómo se llamaba. En ella hablaba de un polideportivo, pero sobre todo del famoso incendio, diciendo que fue un fallo enorme de seguridad y que eso no pasaría si tuviesen escaleras de incendios como las de la empresa de su primo, dado que, según él, carpinterías Moutiño es la que cuenta con más garantías.
A la tarde, salió el alcalde en la televisión ordenando una investigación en profundidad, aunque ya había una de la policía desde el día del suceso. Todo el mundo estaba expectante.
Al cabo del tiempo la investigación llegó a su fin, tras confesar el chaval haber tirado un pitillo (se había inventado lo del trabajo, principalmente para fardar) a ese edificio.
Rodrigo Cota Rey



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Comentarios
¿sigues ahí?
Despiertaaaaaa
Todos queremos mas
¿Es que ya no tienes inspiración?
¿Despareció la muisa que te ilumina?
Seguimos en espera.
Señorita Pepis, ¿que faremos pra conquerir que Rodrigo escriba de novo?
Topéime a Eufrasio Moutiño e vexo que opina coma nos.
Levas moitos días sen traballar, vai sendo hora de que publiques outra entrada, Xa está ben de descansar, ¡¡tés lectores esperando!!!!
PD. Os de carpinterias Moutiño deben estar encantados coa publicidade.
Ya lo dice nuestro lema:
´´Carpinterías Moutiño,
seguras para el adulto y el niño´´
Felicidades Rodrigo, me gusta tu estilo.
El relato también es muy bueno.
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