
Algunas aclaraciones sobre el libro y el autor,
en cuanto atañe a la sección que me dedica.
En primera instancia, me cabe decir que en líneas generales el libro está bien desarrollado temática y discursivamente, salvo por la notable excepción que me alude como: “El vampiro de Pontevedra”, donde desafortunadamente reactualiza y perpetua una imagen sensacionalista y esperpéntica de una etapa pasada de mi vida.
Entendiendo que no se tomó la molestia de ponerse al día respecto a mi vida y trayectoria como poeta y pintor, además de desdeñar un ensayo biográfico que le hice llegar para abrirle los ojos y dejar clara intención de mi pulsión personal e idiosincrasia. Se ve claramente que el interés que despierto en el Señor Reiriz, es exclusivamente, el del morbo que suscité como provocador social en mi época de actor performan y dandi disidente, además de practicante de ocultismo, como iniciado en Magia Póstuma.
El hecho de que me cite en su artículo como Wladimir Bathory, pseudónimo que abandoné como artista hace diez años o más por el de Wladimir Dragossán, denota el retraso informativo y focaliza aspectos trasnochados que pertenecen a una etapa trascendida y pasada de mi vida. Aspectos que por otra parte, aparecieron distorsionados adrede por una prensa sensacionalista, con la clara intención de crear polémica.
Creo que he pagado mi deuda Karmica, con mi pasado y cuanto fui o pude hacer a la sociedad en otras encarnaciones, como líder del vampirismo en Europa, ya que yo creo en la reencarnación. Traer por lo tanto al presente, aquellos aspectos que pertenecen a una etapa anterior, es perpetuar una imagen de algo inexistente y trascendido que únicamente puede perjudicarme y perjudicar al señor Reiriz, por su imprudencia y falta de ética, al mantener en público un pasado que no corresponde con la realidad presente, sin molestarse en contactar conmigo para consultarme, actitud que pasa por ser la de difamación pública aunque haya sido cierta, nadie está libre de haber cometido errores en su pasado y no por ello tiene que cargar eternamente con el San Benito.
Por otra parte, siendo el Señor Reiriz un comprometido investigador de lo paranormal, no tiene escusa su falta de información sobre mi persona y sobre la filosofía y religión que profesé en un ciclo pasado de mi vida, ignorando la valía de una de las voces más importantes de mi tiempo en poesía y un pintor comprometido en vocación, (además de erudito en vampirismo) aspectos multidisciplinares que merecen mayor interés a un intelectual, que dar otra vuelta de tuerca al trasnochado vampiro multimedia. Se ve que el interés mórbido, es ciertamente prioritario de Reiriz y su afán por disfrazarme de monstruo de Guiñol, denota una falta de caridad y respeto impropios de una persona responsable.
Por otra parte, en cuanto atañe a las fotografías que aparecen en el libro, es de suponer que la intención era la de reforzar la imagen que pretende vender sobre mí en su libro, pues Raúl Lamoso, autor de las fotos al cual no creo informado de sus intenciones pero igual de responsable, me pidió que escenificara una secuencia de Drácula en un ataúd, como las que realicé en múltiples ocasiones en la televisión, para luego desvirtuar la intención y camuflar la verdad con el rasero sensacionalista del morbo, como señala a pie de foto.
Únicamente se les puede disculpar por entender que esto, vende mejor de cara a la galería y crecer a costa de la degradación de otro en público, siempre es más fácil y atrae a más lectores.
Aclarado todo esto, confío que con la vara que mide sea medido por sus lectores, con el esclarecimiento de la verdad y Dios ponga a cada uno en su sitio.
Sinceramente,
Rafael Pintos



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Comentarios
(en la segunda o tercera página de dicho blog)
Declaro que Rafael Pintos estuvo informado desde el principio con el carácter sensacionalista del libro y estuvo de acuerdo. De lo contrario a cuento de qué se hubiera dejado fotografiar dentro de un ataúd mientras le clavaban una estaca en la funeraria San Marcos???????
Rafa: un cariñoso tirón de orejas (por alusiones)
Un saludo
Reiriz, superficial y ligero, nunca dejará crecer su estatura mental y se empecinará en seguir siendo un enano mental.
Penoso y lamentable. Lucrarse a costa de perjudicar a los demás no es sino una prueba de que lo que uno tiene que decir no es tan interesante.
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