
Cuando era una niña de diez años, vivía en Ferrol con mis padres y mis hermanos, vivíamos bien, en un piso muy bonito. Mi madre se enfermo cuando yo tenia siete años, y durante tres años, los doctores le decían que en Francia la medicina estaba mucho más avanzada que en España, y que lo mejor seria que se fuese a curar a ese país mágico por su ciencia. De tanto insistir, convencieron a mis padres y prepararon las maletas para toda la familia y en un mes de agosto de mucha calor, llegamos a Francia. Tenían la intención de volver para Ferrol. Pero la medicina no era ni mejor ni peor que en España, y dos años más tarde nos anunciaron a mis hermanos y a mí, que no podíamos regresar a Ferrol. Desde entonces, nos tuvimos que acostumbrar a adoptar la vida tal que la vivían los franceses y siempre fuimos respetados. Pero sin saber porqué, nunca pude ser enteramente feliz lejos de Galicia. La siento en mí como si hiciese parte de mi misma. Mi padre se ha muerto en 1996, y mi madre en 2004. Mis hermanos y yo, hemos llevado las cenizas a Ferrol y desde entonces, mi pena en vez de calmarse, es más fuerte, porque no solamente tengo morriña por mi tierra, pero mis padres se fueron lejos de su patria querida, y nunca más regresaron en vida. Quiero mucho el país francés al igual que su población, pero España guardo mi alma y mi corazón. Aquí estoy casada con un francés que comprende todo lo que siento. Al mismo tiempo, no lloro tampoco todos los días, pero cuando me muera quiero que sea la tierra gallega que reciba mis cenizas, pare hacer parte entera de mi tierra. Con todas mis amistades.(Lo siento mucho, pero mi castellano es muy básico, pero cuando lo leo lo comprendo, como comprendo el gallego).



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