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Viendo a los bomberos por Javier Yuste González

Masvedra

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Hace ya un tiempo que ante la pregunta formulada por mi madre inquiriéndome sobre la razón por la que siempre voy “armado” con una cámara de fotos respondí: “Es que en Pontevedra siempre pasa algo”. Por decir esa frase fui recompensado aquel mismo día con un carro de caballos que apareció en plena plaza de Orense, el cual pude inmortalizar con mi Sony.

Justo el sábado 14 de agosto, estaba yo caminando hacia las 1245 horas en esa misma plaza cuando se cruzaron con mi estela y me rebasaron por estribor dos de los camiones de la dotación de bomberos de la ciudad. Uno era moderno y otro era esa maravilla sobre ruedas de tiempos pasados que está como nuevo y que todos hemos visto alguna vez por estas calles. El primero se quedó frente a la plaza de Orense y el otro hizo lo imposible para superar la Peregrina y poder enfilar por el Paseo de Odriozola y ciar hacia Soportales.

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La gente ya comenzaba a arremolinarse alrededor del veterano camión de bomberos, el cual comenzó a maniobrar su escalera ante la impávida parroquia de consumidores de terrazas de Soportales que se vieron dentro de una zona precintada por la Policía Local.

Había bastante rumorología alrededor de este hecho ya que nadie sabía la razón de la presencia de los dos camiones. No se olía a humo ni había situación de alarma en las calles. Yo creía que podría haberse producido algún desprendimiento de lo que queda del antiguo Savoy, algo difícil de que ocurra en su estado actual. Hubo hasta quien dijo que igual había un suicida en el tejad o de uno de los edificios de la calle. Todo el mundo mirando hacia arriba y sin saber a qué.

Tras unos minutos de maniobra con la escalera, un bombero se aferró a la misma y trepó por ella como si lo hiciera por un obenque y supimos la razón de su presencia: unos pequeños cascotes de piedra estaban sobre el alfeizar (se llama así, ¿no?) de una de las ventanas del edificio (no sé si hubo algo más ya que tuve que mis ocupaciones me mantuvieron por un breve lapso de tiempo en Michelena). Seguramente, ante el viento fresquito que soplaba, alguno de estos pedazos había caído sobre la vía, aunque desconozco si esto es razón como para que se desplieguen dos camiones de bomberos. Por el contrario sí es razón para haber desalojado a los ciudadanos, entre pontevedreses y turistas, de las terrazas ante el peligro que suponía la maniobra de un camión de varias toneladas marcha atrás y de su escalera. Una imprudencia que no sé si achacar a la Policía o a lo s propios usuarios. Apliquemos la concurrencia de culpas al 50% aunque no pasó nada.

 

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