Por supuesto, la comodidad en la conducción era una premisa básica de los Rolls-Royce, por lo que la única caja de cambios disponible era una automática de 3 velocidades, concretamente suministrada por General Motors y conocida como Turbo Hydramatic 400, la cual llevaba años demostrando su valía en el mercado norteamericano.
Las suspensiones eran independientes en las cuatro ruedas y contaban con resortes helicoidales.
A ello se añadía un sistema autonivelante derivado directamente de la exitosa suspensión hidroneumática de Citroën, con pequeñas modificaciones.
También la seguridad era un apartado importante, por lo que los frenos eran de disco en las cuatro ruedas. En definitiva, todo un lujo.
Coche propiedad de Autos González (Vigo).



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