Al igual que las esculturas, los cuadros de Kantabudha -en sólo dos días ya ha vendido dos de ellos (los que tienen el punto rojo), el doble sentido resulta de gran importancia para entender su obra. Así, en uno de los lienzos, podemos observar la cara de un hombre con sus dedos en el ojo, y al mismo tiempo si nos fijamos bien, podemos descubrir la figura de un caballo.
En general, la obra de Miguel Ángel González, que proviene de una familia humilde de orígenes entre las tierras de Marín y Lugo, desprenden emociones muy marcadas. Criado en el barrio pontevedrés de Campolongo, abandona su formación profesional en la Administración de Justicia para dedicarse exclusivamente a la creación artística.
Su vida laboral se origina en una empresa dedicada a la restauración de obras y edificios de protección patrimonial en la que consigue la categoría de Oficial de segunda restaurador. Tras numerosas exposiciones por Santa Cruz de la Palma, Madrid, Oviedo, Valencia, Huesca...pasó 4 años de su vida en la isla de Ons, perteneciente al Parque Nacional Illas Atlánticas de Galicia, donde compartió su trabajo forestal con el desarrollo de la búsqueda de su ubicación artística.
Su estrecha relación con su padre -el carismático músico pontevedrés "Pepiño"-, y su vida, nos sirve para entender mejor la obra del autor, entre la lejanía y el aislamiento hasta la sensibilidad y la sociabilidad.
Para visitar la página web del autor, click aquí.



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