La Quimera Dorada
(La gran senda hacia ninguna parte)
“Hay que preferir siempre lo más trágico”
“Sólo los grandes maestros del estilo,
triunfan siendo oscuros” Oscar Wilde
I
La senda hacia la otra realidad, la realidad fantástica
Siempre creí que soñar, es crear otra realidad si cabe, tan cierta como la cotidiana o acaso, hacer de esa cotidianidad, otra que nos resulte más propia aunque ésta, por fantástica que sea, no encaje en el sistema comprensible a la realidad social circundante. Porque, ¿Qué duda cabe de que eso que los demás llaman fantasía es a motu proprio, nuestra más fidedigna e intima realidad?, ¿quién puede negarnos nuestra capacidad de invención? ¿quién negarnos nuestra manifestación individual? ¿incluso aunque ésta, no sea comprendida por los otros? ¿o es que, el hecho de haber intentado ser consecuente con nuestros deseos e ideales de fantasía, nos priva de la dignidad del heroísmo que supuso haberlo intentado? ¿y acaso por el hecho de fracasar nos convertimos en mediocres, cuando hemos podido impulsarnos más allá de los cómodos parámetros establecidos?. El sólo hecho de recrear nuestro propio tiempo personal, o hacer de nosotros, otros, siendo los mismos al soñar, aún siendo por ello, minoría que crece en la marginalidad del proyecto gris mercantilista, ser únicos incluso frente a la derrota o al rechazo. Como dijera Oscar Wilde, “Uno debiera ser una obra de arte, o llevar una obra de arte”. Es de ese impulso que nace de nuestro tiempo interior, de nuestra identidad creadora, que podamos decir sin lugar a equivocarnos, que somos consecuentes y fieles a nuestro destino, para, si cabe, como cita Luis Antonio de Villena en su libro, Biografía del Fracaso sobre René Char; “desarrollar nuestra legítima rareza”. Es a través de la lectura de este libro, que resulta tan esclarecedor al respecto de tantos rasgos identificativos de mi propia senda, en la búsqueda de lo imposible, de esa “quimera dorada”, que me decidí a escribir este opúsculo, continuador de la singladura pública que narré de manera crítica en la monografía anterior; “El Peregrinaje del Vampiro y los días de vómito rosa. 2003,2004.”
Haber sido un Lucifer, que se rebela contra su propio padre, desde la más tierna infancia, hace de uno un temprano exiliado e irredento, a los cánones y dogmas sociales, ya que esa rebeldía se produce acaso, más por el estricto deseo de independencia autosuficiente y liberadora de yugos, que por el afán de colocarse en el lugar del padre o usurpar su lugar, nada más lejos de mi intención, puesto que de haberlo hecho, ello me colocaría en la misma posición incómoda de esclavitud moral y social, y es de esa rebelión heroica, que sobreviene la caída frente a los valores comunes a la burguesía y su sistema, una caída que lleva impresa sin embargo la gloria de la altura, de ese impulso hacia el cielo en el vacío, el gesto del héroe que traza su estela en el aire, aunque ésta sea crepuscular al precipitarse al vacío. Es de esa gloriosa derrota que surge la propia leyenda, donde se forja el héroe en soledad, sin la protección del padre, y por lo tanto tampoco de la madre, sin aceptar guía, ni maestro, ni jefe, sin dogmas ni leyes, sin “moralina”, pero al unísono en esa amoralidad, un concepto de moral personal, en esa anarquía un cierto orden de ese caos, pero siempre con el vértigo y el vacío de la insatisfacción, que produce el ansia de gloria, de asir lo inalcanzable y caer cada vez en el empeño, porque si cabe, “la palabra imposible”, es vigente sólo para los cobardes incapaces de saltar más lejos, experimentar el vacío, penetrar en el lado oscuro, aunque sea para caer al fondo de esa trayectoria precipitada.
Sólo los osados tienen atestiguadas experiencias que les confieren un halo honorable, un proverbial matiz de excepción con el que quedan marcados y que les diferenciará ya para siempre frente a la historia, al tratarse de pioneros de la senda nueva, los nuevos caídos de la gracia, gloriosas ruinas frente a la tibia e insulsa sensatez de los otros, con los rasgos a veces de la locura lúcida que confiere la experiencia (la quemadura) la iluminación, el ir por delante en la ruina hacia un proyecto nuevo, en el largo navegar de la humanidad por las insondables aguas del tiempo, siempre levantándose tras la caída, o si cabe, cuando ya no se puede, con la certidumbre que queda tras la derrota, el fuego puro que nos impulsó más alto, más lejos.
Cuando me rebelé frente a mi padre (metáfora de la rebeldía frente a Dios) no fue negándole mi amor, no fue deseando usurpar nada suyo, fue tan sólo legítimamente mi impulso natural por recuperar mi derecho a equivocarme, a aprender por mi mismo de mis errores, a asumir sus consecuencias conscientemente sin el sentimiento de “culpa” impuesto a cada instante del fallo, sino con la consciencia solitaria de la auto superación independiente, de la madurez sin la protección filial, de la evolución sin el sustrato heredado de culpas, complejos, normas y leyes preestablecidas, yo necesitaba llegar sólo, con mis experiencias personales a mis propias conclusiones respecto a todas y cada una de las cosas existentes en mi camino.
Y es ahí precisamente donde empieza la lucha desde el infierno para recuperar el paraíso, un paraíso (la juventud) donde se imponen ya tempranamente los fantasmas del miedo y la culpa, los grilletes del castigo a la desobediencia, el dogma social y sus intereses mercantiles, la asfixia burguesa de la burocracia y la utilidad para el consumismo, todo lo lejos que se pueda del ideal aristocrático e intelectual de valores superiores inherentes al hombre libre, al intelecto despierto, al ser refinado y en definitiva, ¡al héroe!.
Este héroe, es un señor de si mismo y no acepta amo alguno, conoce a Dios y vive con él y en él, sin la idea castrante y dominadora del patriarcado machista, impuesto por el maniqueísmo judeocristiano de siglos, es su propio dueño y asume los resultados de sus actos consecuentemente en plena libertad.
Rechaza a la sociedad y es rechazado por esta, por lo que en su automarginación frente al sistema, éste puede parecer un fracasado, pero sin embargo la misma sociedad que le rechaza le admira, y es ahí donde surge la fascinación del fracaso de aquellos que como “malos”, eran y son demonizados por este maniqueísmo de la tiranía en la fanática y cerrada moral católica, que les impone este anatema, a quienes no siguen los designios pastorales del dogma patriarcal de jerarquías, de la dictadura del poder (la idea de Dios a la imagen del hombre únicamente) el rey, el amo, el jefe.
He aquí del porqué en la metáfora comparativa de Lucifer y los ángeles caídos (metáfora de la rebeldía frente a la tiranía dictatorial) Como expone inteligentemente Luis Antonio de Villena en su ya mencionado libro, “el derrotado suele hacer gala de una actitud moral, entiende que el vencedor habla el dialecto del Poder y del Dominio y prefiere la lengua del desterrado”.
Ciertamente él sabe que, aunque no puede cambiar el orden de las cosas, al menos lo intentó rebelándose contra esa élite, a la que atribuye todo el mal y a la que es incapaz de creer, pues sabe que “los discursos del orden suelen ocultar una injusticia radical, oscura”.
La pregunta que se hace Luis Antonio es cierta ya que, “el genuino Bien no existe”, una fuerza mueve a la otra de manera recíproca y complementaria, pues para que todo fluya en armonía se necesitan las suficientes y equilibradas dosis de uno y otro poder, negar o reprimir uno es engordarlo y acrecentarlo frente a su opuesto y en consecuencia, crear una desarmonía peligrosa que traerá por su propia fuerza represora el efecto contrario al deseado. Por lo que el supuesto perdedor inteligentemente al intentar salir de esa rueda “se sitúa fuera del desorden”. “No arregla, pero tampoco infama”.
El perdedor por tanto no se ajusta al sistema, es un refussé, un marginado, el vencedor por el contrario, pacta y se alía con el mundo, amoldándose en un acuerdo con él y es coronado por el sistema. El perdedor persigue las sendas prohibidas, como pionero de una aventura individual, persigue su propio Safari (el camino o la senda en el dialecto suajili) huye de la protección y el confort del orden para llegar a parapetarse en el horizonte de lo inaccesible, este inconformismo le produce la melancolía de todo cuanto es lejano ya que esa distancia es infranqueable pero asume esa tragedia con dignidad, este ser trágico, revestido de heroicidad, es consciente del caos en el que se agita y asume esa existencia frente a la solidez del orden y del triunfo, pero en esa anarquía haya su propio orden pues, “cuando una mitad devora a la otra, el todo desaparece”, reza un sabio proverbio y es eso acaso, lo que el perdedor busca, desaparecer del todo, no ser frente a esa caduca realidad de la vida, ese “Bien permanente. Sin espacios exteriores”.
Y esa es humildemente, la gloria de mi fracaso como persona pública, mi deseo de haber sido una estrella del cine fantástico, como Vincent Price o Christopher Lee, un icono gótico de mi tiempo, “El valor de lo inalcanzable, siempre mejor que lo alcanzado”. Para, tras el empeño, acabar uniéndome a, “todos esos personajes famosos o no – perdidos en lo no conseguido o en el orgullo solitario de la derrota”.
Fui ya desde entonces, al igual que cita Luis Antonio al mencionar a Issidore Ducasse, “un rebelde radical, en un tiempo en que la rebeldía sólo podía ser política y no estaba bien vista”, puesto que yo al igual que él “sueño en convertirme en un personaje enigmático, oscuro”. Y lo consigo en cierto modo, pero sin la trascendencia esperada, sin la gloria social, sin el aplauso de la consagración total, al menos por el momento, tan sólo un personaje maldito, una leyenda local que apenas es vislumbrada en el resto del mundo, a través de los medios de televisión nacionales e internacionales.
Es debido en gran medida a mi dandismo gótico, “a mi crueldad refinada, bañada en ironía sarcástica de desdén hacia el mundo y la vida”, huyendo de las calles atestadas de gentes, para refugiarme en la oscura soledad de los cementerios, “en las noches terribles de la soledad y el frio”.
Así creció en mi más y más, esa pulsión que es una senda hacia ninguna parte, ese impulso del ideal soñado, que es más un modo de caminar que una meta y en el que ese modo de caminar, es crucial más por si mismo ya, que por pretender llegar a ninguna parte.
Y si soy un perdedor es ciertamente, por no hallarme satisfecho con la vida, por buscar lo oscuro e imposible, lo inalcanzable de esa gloria artística y social que no llega, ni artística ni intelectualmente, y es de esa inconformidad que se fomenta y aumenta mi impulso, mi arrojo frente al vacío del desconocimiento, de ese anonimato social de masas, frente al que grito mi nombre, para no ser ahogado por la marea de su cantidad, por la nulidad del ser, ante la despersonalización programada. Es por ello que “el perdedor no es propiamente un mediocre o un fracasado a secas, sino quien ha intentado ser más – desde el punto que sea – y desde ahí ha llegado al derrumbe. Y ese impulso – que puede se autodestructivo (en mi caso lo ha sido) convierte al perdedor, respecto a la mayoría común, en un aristócrata”.
He vivido entre las críticas y la admiración, en un constante altibajo de la balanza, siendo “un adolescente, extraño y tremendo (como todos los que poseen talento)”. Al igual que Gauguin, yo también, “aceptaba de buen grado ser rozado por el ala del ángel de lo extravagante”.
Al igual que Gauguin, yo “no amo el mundo de mi patria, ni mi tiempo”.
Como insatisfecho, no hallé en la vida mi ideal, ni espacio y tiempo, acrecentando así mi vacío y mi desesperanza, y de esa adversidad, aumenta el desengaño y el desasosiego. La desesperación se tiñe en la muerte de lujuria mórbida, que haya en cada cementerio visitado, un mundo mudo de preguntas inquietantes, vagas, insinuantes de matices siniestros y lánguidos, sensualidades frías y crueles de blanco lunar, mensajes y susurros envolventes que llegan como voces lejanas extrañamente turbadoras, seductoras y al unísono amenazadoras, este es el enclave gótico del alma que se desliza entre ruinas sola y feliz, es el exterior reflejo de un “ánima”, tormentosa y atormentada de joven vampiro. En verdad yo he sido y soy Drácula, otro Drácula, hijo del diablo, el opuesto al orden (al bien convencional) el perdedor glorioso, el dominio sensual de la melancolía, el arquetipo de la sombra del subconsciente, encarnado en un joven adolescente de provincias, en una tierra mágica y preñada de mitos y leyendas, parajes agrestes y salvajes, bosques umbríos y espesos y montañas altas, que mueren en acantilados marinos.
Otro Drácula, que no necesariamente tiene algo del histórico, aunque ciertamente existen innegables puntos de conexión con ambos. Hice de la muerte mi vida, de la noche mi día, de la sangre mi alimento espiritual y de la soledad, la crueldad y la distancia con el mundo, mi propia bandera roja y negra.
“¿Es real la naturaleza o somos nosotros los irreales?”, “uno debería ser siempre un tanto improbable”, nos dice Oscar Wilde, y yo he pasado por ser “ese misterio entre el mito y la realidad, llamado Wladimir Dragossán”, como me definiría Loreto Fernández una presentadora de TVE en Galicia para una semblanza televisiva.
He sido y soy aún en la actualidad, el “rara avis” de mi generación, así es que, ciertamente como dijo Eschophenhaguer, “toda verdad al nacer es ridiculizada y perseguida”. Soy en la actualidad, la nueva extravagancia y el moderno “esperpento”, perpetuamente envuelto en mi legendaria capa, pero me sé reír con elegancia liberal, de los tabús convencionalistas cotidianos y me basta con no zozobrar, en la monotonía circundante.
Último emulo de Isidore Ducasse, “padre de las rebeliones profundas – las que parecen insensatas – al igual que él, yo, sueño con Byron, soy su hermano pequeño que no brilla y poseído por la misma angustia que ambos”, se desliza en silencio en la barca del olvido, en el océano de lo impreciso, sin continente esperado y a la deriva, soñando como Gauguin con “una intensidad telúrica, con un paraíso refinado y terrible”. El último Childe Harold, buscando libertad, paz y expiación, un perdedor consabido que lucha por alcanzar su estrella idílica, un estudiante de provincias que como Gauguin, se acrecenta profundamente en su deseo visceral de huída, “y cierto afán expansivo y liberador”, como dice de el Luis Antonio de Villena, pues “ser joven (originario, primigenio) es más misterioso, más perverso que ser viejo”, según Diderot.
La voz del dandi
Y mezclo colores de ensueño
con riesgos de satén.
W.D.
II
El heroísmo en el mal
De esa constante insatisfacción idealista, que choca de frente con los convencionalismos hipócritas de la sociedad de mi tiempo y en modo particular de las costumbres, modos y comportamientos, de una juventud frívola, mediocre y masificada, si nó en la mayoría, si en gran parte, surge desde lo más hondo de mi identidad, como respuesta crítica de rechazo, el alter ego que afronta en respuesta contraria y rebelde una identidad apócrifa y radical, Wladimir Dragossán, icono del vampirismo actual en los medios públicos, el primer gótico de Galicia, “el vampiro de Pontevedra”, como se me conoce ya desde entonces.
Arquetipo del subconsciente, del lado oscuro del hombre, una encarnación “de la sombra”, que se opone al orden y a sus valores instituidamente impuestos (el supuesto Bien de la burguesía). El triunfador que es bautizado por el orden, es un sumiso al poder y en base a ese acuerdo es consagrado en su trayectoria que recibe el apoyo de éste, el llamado perdedor como bien explica Luis Antonio de Villena, “es alguien que no ajusta frente a la solidez del orden, que da por sentada la realidad de la vida, (el Bien permanente) sin espacios exteriores”. El perdedor no cree que el “genuino Bien exista”, pero tampoco acepta únicamente la existencia metafísica del Mal supremo, se rebela contra el orden y su impostura y como el mito de Lucifer se opone de manera anárquica contra el sistema y su gobierno (Dios padre alegóricamente) el orden y sus normas.
Así yo, comprendí la filosofía que ocultaba la iniciación luciferina, no por soberbia, sino por rebeldía frente a la mansedumbre de libre pensamiento, al igual que Isidore Ducasse “cree comprender que el Mal (en el que no cree metafísicamente) ha de ser la verdad suprema en un mundo injusto e incivil que los poderosos y criminales del propio imperio proclaman regido por lo que llaman Bien”
Aunque en cierto modo, todo afán a gran escala, supone una alegoría de la soberbia, que es el de querer llegar a un lugar imposible, alguien que desea más de lo que sabe que no podrá conseguir, y que sin embargo, ni siquiera la derrota logrará disuadir en su empeño, pues como perdedor, posee el arranque que le suscita su disconformidad y por lo tanto, es muy posible que en su capacidad pueda ser un virtuoso de la técnica de su conocimiento, pero no recibe el apoyo unánime de quienes pueden ensalzarle, por cuestiones de diversa índole, incluso ese impulso puede venir acompañado de una aptitud autodestructiva que acaso sea la falta de convicción suficiente en sí mismo o ¿tal vez? La capacidad de poder de convencimiento de su subconsciente para reafirmarse en la victoria, de todos modos, ese deseo de gloria, de ir más lejos no le determina como a un mediocre, su derrumbe puede deberse a múltiples causas y éste en su caída puede haber venido de lo más alto, (todo lo que sube ha de bajar) nos recuerda Fucault y eso es al unísono, lo que representa en cierto modo Lucifer, lo mismo arriba que abajo, (caerá quien sube demasiado alto) también advierte Cesare Ripa, y el perdedor es un Lucifer, un elemento subversivo e inconforme con el estatus quo.
Ese deseo de ser otro, de brillar con luz propia, de ser dios, no es ajeno a ningún hombre, y por eso la dignidad que le confiere su intento de altura, de perfección, al conocer el fracaso de la derrota, lo embiste de una aureola de heroicidad que junto al coraje en su intento de cambio le otorga respecto a los demás “que son la mayoría común, en un aristócrata”.
Así, el exotismo, el esoterismo, la sensualidad, la excentricidad y la extravagancia, son aptitudes exquisitas que corresponden casi todas ellas a los grandes perdedores de la historia, Byron, Poe, Baudelaire, Wilde, Ducasse, Gauguin, Van Gogh, Munch, Ensor, Rinbaud, Berlén etc, ninguno llegó a ser aceptado plenamente en su tiempo, ninguno fue comprendido en su mensaje ni apreciado en su valía, todos ellos la depositarían como un legado inútil que sólo a postumicidad pasado el tiempo podría valorarse en su justa medida, todos ellos supieron de su ingenio pero no pudieron conectar con las mentes de su generación que no siempre les otorgó la genialidad en vida, teniéndoles por personajes molestos y ridículos inclusive, incómodos de un modo u otro.
“El insatisfecho nunca tiene suficiente distancia. La vida no tiene sus medidas y la desesperación crece, porque – se diría – todo llama hacia la adversidad”.
Otro de los complementos de mi aristocracia maldita, es mi genuino y temprano dandismo, que nada tiene con el afeminamiento, ni la sensiblería cursi, pero sí, con cierta misantropía sibarita, que me acerca más aún a la maldición de la soledad y del inconformismo. Tras el primer rechazo de las chicas provincianas por miedo, vendrían con los veinte años, una sucesión de novias y compañeras sentimentales, que se sumarían a esa insatisfacción rallana en lo imposible, que busca la otra mitad complementaria total. Extremadamente sensuales y promiscuas, satisfacen primeramente mis instintos, pero serán luego incapaces de llenarme y por lo tanto, de complacer mi alma y llenar mi corazón. Ese esteticismo gótico, será el primer atributo físico, que acompañe mi rebeldía en mi adolescencia, capaz de expresar así, mi distancia con mi tiempo y con la gente, mi distinción oscura se revestirá de una crueldad refinada, en el trato y comportamiento con los demás jóvenes, a excepción de los compañeros de clase, que encuentran en mí, la imagen del líder ideal, capaz de hacerles trascender el ritmo de las enseñanzas, en un colegio de religiosos, en el que el lema era “la letra con sangre entra”, como ya cité en El Peregrinaje del Vampiro, por algo me vendría pronta la afición a la misma, ya que era ración de todos los días.
Esa “manera”, no sólo estética, sino social de comportamiento, cabe decir que, no es otra que la continuación de aquel dandismo fundado y puesto en práctica por Brummel y Byron que era una respuesta de la aristocracia intelectual frente al mal gusto burgués, estandarizado y hecho uniforme común, es de ese desafío intelectual que yo armo mi escudo y defensa personal frente a la cada vez mayor carencia de identidad, mal gusto y ausencia de glamour social, esa disidencia refinada me acompañará ya siempre, tanto en mi trayectoria personal, estética social y trato, como un caballero gótico, de un posromanticismo individualizado, de esa vía trágica y romántica atemporal que es la moda y el tiempo propio personal. El heroísmo solitario del esteta misántropo, adorador de la naturaleza y las bellas ruinas del pasado, seguidor de un crepúsculo dorado que zozobra ebrio de lo que los insulsos estúpidos del actual minimalismo de la línea pura (arquitectura carente de alma y expresión) dan en llamar “lo decadente”, ¡me recreo en la aureola nostálgica de esa decadencia, miro hacia el pasado desde el más vanguardista porvenir, con añoranza idealizada y sentimental, con el ensueño de la nobleza y el amor, la heroicidad y la galantería, me recreo en los ya empolvados entornos del pasado señorío, en el rastro de sus ecos, en el corte de sus prendas, en la expresión de sus letras sean moderadas o audaces y convulsas, veo en ellas como un reflejo de mi mismo que se sueña otro, con otras gentes, en otro contexto histórico tan alejado del actual y sin embargo, soy la actualidad que le guiña complaciente el ojo al ayer. No niego mi tiempo y admiro sus progresos y adelantos pero podré asumirlo con agrado, ni adaptarme a él con simpatía. Una vez más parafrasearemos a Luis Antonio de Villena, en Corsarios de guante amarillo, “ser rebelde (contra el tiempo, contra la idea fijada de los otros o contra la sociedad) El dandy es, pues, una manera. Manera que va de la historia al mito”.
“El rebelde que lleva arte y rebeldía a su persona y a su atuendo”, ser simplemente elegante no es dandy, ya que carece del desafío agresivo de una particular rebeldía individualizada hasta el extremo de la originalidad, tal vez incluso del narcisismo, el gesto acompaña al traje, y se convierte en la herramienta complementaria de la identidad, una identidad soñadora e inconformista en permanencia.
Y es aquí que aflora la psicología del Vampiro, el héroe antisocial, el negativo de la imagen social, que invierte las reglas y crea las suyas, en una aptitud vital de su psicología individualista, un artista de sí mismo porque como diría Wilde, “uno debería llevar una obra de arte o ser una obra de arte”.
Wladimir Dragossán se gesta lenta y progresivamente en mí, como otro mundo propio, que pugna por salir desde sí mismo, atravesando sus propias facciones, para mostrar el interior que alberga la morada de su cuerpo, la cara oscura de la vida.
Como dice Norbert Borrmann en su libro; Vampirismo: El anhelo de la inmortalidad, “sobre la belleza y el horror del poder. Ninguna criatura es sólo negatividad y esto puede aplicarse también al vampiro, ya que encarna la protesta de las almas románticas contra un mundo sin poesía. Es un rebelde contra un mundo que enarbola un modelo de pensamiento meramente objetivo y contra la mediocridad que impera en una sociedad democrática de masas”.
“de ahí que el vampiro moderno se hermane en el rechazo con otras dos criaturas que, al igual que él, han surgido de la oposición contra la sobriedad y la fealdad de la era industrial: el dandy y el superhombre de Nietche. El dandy y el superhombre han modelado conjunta y decisivamente al vampiro actual. El estilo y la manera de desenvolverse muestran al vampiro como un dandy, al tiempo que sus sorprendentes facultades lo convierten en un superhombre o un supervampiro”.
La singularidad que se exterioriza en el desafío de la estética, su rechazo de la moda y su aptitud negadora, convierten al dandy en un rebelde que afecta a las convenciones morales particularmente, a las reglas impuestas. “Bajo su apariencia, late la armonía de la insurrección del Mal. El dandy es la negación de la moral común a favor de otra moral, cuya única base es el individualismo”.
Si el supuesto Bien se basa en las normas instituidas, y el Mal es el rechazo de esos valores, el dandy vampiro es por antonomasia, el héroe del Mal. “Según Silvia Vorkmann, esta destructividad lo vincula también al poeta”, y yo ante todo, en mi primera creatividad ya temprana, soy poeta, la primera manifestación artística que crean las manos de Wladimir Dragossán, son algunos poemarios, mucho antes de su aparición en los medios públicos como personaje-actor.
El vampiro es un poeta, en primer lugar, y eso lo une en gran medida con el dandy, “el dandismo es, pues, un fenómeno que une vida y literatura”.
Bormann asocia al vampiro con el poeta ya que éste “como un vampiro bebe de lo oscuro, de algo que está más allá de la opinión burguesa; su misión frente al orden social es la perturbación, la destrucción, la crítica y la rebelión”. Es de esa rebeldía frente a las reglas, que situamos íntegramente a la figura pública de vampiro-dandy-poeta que es Wladimir Dragossán, mi identidad pública, en el Luciferismo filosófico y por lo tanto, en la vía del Mal, que es únicamente la de la rebeldía frente a las normas, “la rebeldía contra el Bien (que no borra la injusticia ni el deber) y la consiguiente aceptación del Mal – de lo que no es el bien, de lo que no acepta el orden común”.
El círculo de un mundo hermético de poesía oscura, transgresora. Al igual que Isidoire Ducasse, mi poesía busca ser la “expresión suprema del romanticismo flamígero”, como definió Válery Larvaud a los Cantos de Maldoror. Un refinamiento de horror sublime, de belleza sombría, de sorpresa y de extrañeza, distante con la realidad mundana, su dolor es el del hombre que soporta el lastre de su oscuro destino, confiere a su existencia una dimensión trágica que le dignifica en su derrota, en su inadaptación, en su distancia y desafío con el mundo. “El ideal del poeta romántico estriba en nuestro sufrimiento. Todos saben dónde nos encontramos políticamente; y en la poesía, nosotros nos encontramos… entre los vampiros”, señala Charles Nodier.
De modo que la radiografía íntegra de Wladimir Dragossán, que guarda connotaciones con El Conde de Lautreamont y Childe Harold, es la ecuación; Vampiro-dandy-poeta, arquetipos que se entrelazan y redundan en el ya establecido patrón del perdedor, del desterrado que habita en las fronteras del mundo.
Al viento mi capa avanza…
he surgido de entre la niebla al mundo.
contemplo desde este acantilado
el infinito desierto de mi rostro.
Voy en busca de mi nombre.
Wladimir es, “el dandy sin esperanza que sufre de spleen ante las tardes inalcanzables, el amor imposible o la desolación inexplicable; él también participa en el gesto de la inocencia ultrajada”.
¡Os maldigo!
¡La noche es mía!
¿Cómo osáis profanarla
con vuestra exaltada mueca presente?
os maldigo a vosotros
que necesitáis de la luz,
de la artificial luz,
para alumbrar vuestras vanidades,
vanidades que enmudecen
entre las sombras nobles del ocaso,
pretendéis vivirla
pero sucumbiríais a ella si fuese eterna.
Necesito mudarme del presente tiempo
en que no hallo palabras hermanas,
cinceles cortantes derriban tal pensamiento,
aunque tal vez existen
amistades gemelas del rostro en mi espejo
y, sin embargo, la sombra.
Al igual que con Ducasse, a mi en mi adolescencia, se me definió en ciertas círculos vecinales y locales como “un chico muy raro de costumbres psicopatológicas”, de Ducasse diría Remy Gourmort, que era “un genio que se había vuelto loco, lo que resulta ser para un surrealista la mayor virtud y la iluminación más asombrosa, subraya de Villena en su Biografía del Fracaso, sobre El Conde adolescente y tremendo. Los psiquiátricos, las depresiones nerviosas sumadas a la angustia existencial y los tratamientos médicos con su consabida dosis de medicaciones serán una constante en mi adolescencia, y también el surrealismo, cobrará para mi posteriormente, un papel importante en mi obra poética, a la que definiré como “surrealismo gótico”.
Así también soy barrido por, “los vientos contrarios del hombre que sufre el azar y la desesperanza”, en “el insumiso terror del abandono”… porque sufrí ya desde entonces el ostracismo local. “El elogio de la locura”, la locura lúcida que es el exceso de lucidez en la percepción distinta del artista, como la paranoia crítica de Salvador Dalí, porque “el dandy funda su escuela de valores en lo que los demás juzgan inútil. Su camino es el mal, la negación consagrando lo estéril”.
El vampirismo y la noche, tienen otra connotación de interés que las conecta con el paganismo y los cultos ancestrales de la glorificación del origen de la vida y uno de ellos, es sin lugar a dudas, el más directo en su fusión; La vía materna, el sendero de la izquierda, los cultos a la Diosa Madre y la veneración de las aguas y los fluidos de la vida, tales son los de Écate, Astarté, Calí, Diana o Cibeles entre otras. Esta vinculación al paganismo y sus cultos puede apreciarse en la vida de personajes que ya hemos citado, tales son Byron, Oscar Wilde o Gauguín, entre otros, no hay que olvidar que Bram Stoker escritor de Drácula, una de las obras colosales de la literatura gótica fue miembro de la sociedad secreta Golden Daw (Aurora Dorada) donde le rebelaron muchos puntos ocultos para la confección de su novela, como lo son las prácticas de magia póstuma de Abramelín el mago entre otras, y se trataba de los rituales más ancestrales de la Europa Subterránea, de esa Europa oculta y ancestral, una vez más el paganismo, Zalmoxis y las hipofanías y epifanías, los dragones y las líneas ley, las festividades célticas de Samahín y Belteín, bien conocidas para cualquier Irlandés que se precie y dos figuras claves del conocimiento esotérico, Elena Petrova Blabatsky y Aleister Crowley, vinculados ambos a la ya citada Golden Daw.
Por lo que no es casual, que al tratar de perdedores frente al sistema, nos encontremos con sujetos excepcionalmente volcados, hacia los ritos de la antigüedad y su cultura, que no aceptan ni encajan en la moral del maniqueísmo, otro de los hándicaps que te señalan como un desclasado y ajeno al nuevo orden actual y sus valores instituidos por la burguesía.
“El delito y la perfección, la alegría transgrediente, el sexo, el ansia de la morbidez, fosforescencias de enigmas encendidos” en una palabra, paganismo ancestral. En 1892 Gauguín embrujado por el fetichismo de la antigua religión pinta palabras del diablo, fascinado por la noche tahitiana, “expresando la sensualidad y la belleza misteriosas”.
Empero la referencia de Wladimir Dragossán, no es menos de la opinión de Gauguín, “al suponer que, la vida está en otra parte” porque del mismo modo a Wladimir, le parece que esta vida llena de limitaciones, sinsabores y desengaños pide otra, y por lo tanto, le resulta insuficiente por no llegar a alcanzar el triunfo en su tiempo, por ser incapaz de asumir las reglas, la moda y todo cuanto atañe a las corrientes actuales en la sociedad; modistos, tendencias, arquitectura, arte, vida social, le resultan tan insulsamente mediocres y decadentes, en la carencia de alma y expresión, que ofenden su gusto refinado, su remembranza de glamour, de los grandes salones de la sociedad decimonónica, la etiqueta, la música y el baile sentimentales, las tertulias literarias, en los cafés de intelectuales y el arte con alma, aunque ésta sea negra y terrible, es mejor que la vanidad inexpresiva del arte conceptual, de las ridiculeces paupérrimas, las instalaciones y los minimalismos fáciles y cómodos de elaboración de las esculturas, o el aburridísimo y soporífero contenido de la gran mayoría de los audiovisuales y que no decir del feísmo en la arquitectura, falta por completo de belleza y arte, en “la línea pura” como se le ha dado en llamar, puramente funcional y despersonalizada, ¡pero lo peor! Lo más insoportable y nauseabundo par él, es el orterismo y el macarrismo, el obsceno ambiente de las discotecas y el soez comportamiento, vocabulario y vestimenta de los adolescentes y jóvenes de la llamada ya “generación perdida”.
Ocaso de medusa
Cabezas, hermosas, cortadas,
sangran en mitad
de la calle desnuda,
las veo, quedamente
me hacen un guiño
y ya no son,
sino aderezos que proclamó
la grandeza del desastre,
como siempre ya,
la esplendorosa, horrible,
belleza en la ruina del ideal,
el bastión de la ambición
que quebrada cae en su trayectoria
por lo imposible de su deseo.
W.D.
CURRICULUM: RAFAEL PINTOS
Nacido en Pontevedra, el 27 de Noviembre de 1964, es uno de los primeros actores gallegos que aparecieron en la recién estrenada TVG, en el programa “Corazonada” de José Ramón Gayoso; y posteriormente, protagonizaría en el mismo programa la serie “El tour Wladimir-Balan” junto al showman Manuel Outeda (John Balan).
Participó en cortos, documentales y películas como: “Sempre Xonxa” de Chano Piñeiro o las más recientes: “Frío” de Román Gutiérrez y “La gran trufa” de Ángel Pelaez.
Es pionero del movimiento gótico en Galicia, reivindicando un dandismo entroncado con el subconsciente y la sombra. Su romanticismo negro y su estética decimonónica lo convirtieron en un personaje que siendo erudito en vampirismo y exoterismo se hizo conocido en los platós de media Europa (RAI junto a Francis Ford Coppola, RTL alemana junto a Christopher Lee, etc.) y América (Canal 50, Miami, Televisión Católica Chilena, TV Argentina, etc.). Participó prácticamente en todas las cadenas de Radio y Televisión nacionales y autonómicas.
Ha sido pionero entre los actores de performa en Galicia como “Performer Tardo-Dadá”, utilizó el arquetipo del vampiro para producir una reacción de choque frente al conservadurismo provincial en la moda y en el arte, apareciendo y firmando sus trabajos con su pseudónimo artístico de “Wladimir Dragossán”.
Es un poeta vocacional que participó en tres antologías nacionales de la editorial sevillana “Jamais” (Antología de Jóvenes Autores de la Poesía Española 2001, 2002 y 2003; y Antología de Cuentos Inéditos, 2004). En solitario publicó “Crónicas del Termitero” Edic. Tórculo, 2000; “Carrusel de las Eras” y “El Cuervo de Nevermoore” Edic. El Taller del Poeta, 2003-2004 (Fernando Luis Pérez Poza). En lengua gallega publicó “Os ollos de acibeche” 2005 de Edit. do castro (Sargadelos) dedicado a Rosalía de Castro, “O cabaleiro da Rosa”, edit. Bubela.
Ha sido seleccionado entre otros para la antología “A Pontevedra literaria” de Ana Acuña Trabazo, Carmen Blanco Ramos, Eloy Gestido de la Torre y Xosé Abilleira Sanmartín, que fue editada por el Concello de Pontevedra y patrocinada por la Fundación Caixagalicia y en la antología “O trazo aberto: poesías e debuxos”, coordinada por Antón Sobral y editada en 2002 por el Servicio de publicaciones de la Diputación de Pontevedra.
Participó en las conferencias que la UIMP (Universidad Menéndez Pelayo) para los alumnos de la Facultad de Bellas Artes de Pontevedra (Criaturas especiais: ¿quén dixo que morreu John Balan? 2007).
Como pintor de una iconografía expresionista – surrealista, expuso por primera vez de la mano de la pintora Sabela Canitrot, en el Centro Cultural del Concello de Pontevedra en Monteporreiro con el título “Anatomía dunha singladura” 2007 y en el Museo Manuel Torres de Marín, como miembro del grupo de artistas “Abrente” 2007, en el Castillo de Villa Sobroso 2008, en el Centro Cultural de Cangas del Morrazo y en el Real Club Naútico de Aguete en Seijo (Marín) 2009.
CURRICULUM VITAE
TVG: Corazonada ¿variedades? Una miniserie.
TVG: Adiviña quen ven esta noite, variedades (especial sobre o medo) episodio esporádico.
TVG: Galicia para el mundo (entrevista).
TVG: A cara descuberta (entrevista).
TVG: Ben pola galega.
TVG: Gracias pola galega.
TVG: Tardes con Ana (entrevista) Reencarnación.
TVG: A revista de fin de semán (varios esporádicos).
TVG: Pequeño Hotel, episodio esporádico.
TVG: Telecinematerror (anuncio promocional).
TVG: Show Galicia e increíble, episodio esporádico.
TVE 1: La Ronda (entrevista) Julia Otero.
TVE en Galicia: Reportaje. Yánez.
TVE en Galicia: Videoclip "Paca te clavé la estaca". Yáñez.
TVE en Galicia: Anuncio literario. Yánez.
Antena 3: Sorpresa, sorpresa, (entrevista) Concha Velasco.
Antena 3: Noche, noche (entrevista) Emilio Aragón.
Antena 3: De que hablan las mujeres (entrevista). Jesús Vázquez.
Antena 3: Sabor a verano (promoción disco).
Tele 5: Hablando de entiende la gente (entrevista). José Luis Coll.
Televisión La Palmera : San Cugat (actuación).
Canal Nou: Parle vosté, calle vosté (entrevista) vampiros.
Televisión del Valles: (vampiros) reportaje.
Euskal Televista: (Entrevista) vampiros.
Canal Sur: (entrevista) vampiros.
Canal 50: Miami (reportaje) vampiros.
RAI: (Reportaje) Rafaela Carrá? Vampiros.
RTL:( Reportaje y entrevista) vampiros.
Videomedia: (Reportaje) vampiro.
Canal Nou: (Entrevista).
TV Salnés: (Promoción literaria).
TV Salnés: (Promoción literaria).
TV Salnés: (Entrevista).
Galivisión: (entrevista y promoción literaria).
Galivisión: (Promoción literaria).
Galivisión: (Promoción literaria) vacas locas.
TVG: Que boa tarde (entrevista y promoción disco).
RTL: El Show de Ilona Cristen (entrevista).
TV Suiza: Greell Pastel, Nach (entrevista).
TV Argentina: La noche con Susana Jiménez (entrevista).
TV Chilena, Megavisión: Juntémonos (entrevista) vampiros.
TV Chilena, Canal 7: De pé a pá (entrevista) vampiros.
TVE1: El semáforo (entrevista). Jordi Estadellas.
TVE2: Informativos de la 2 (el personaje) Lorenzo Milá.



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Delfim Reis
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